Cuarto.Quinto.Sexto.ACTIVIDADES DEL CUADERNILLO DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES.

¡Buenos días!


                Les comunico que por pedido de la escuela se propondrán, por el momento, actividades especificadas en el cuadernillo de continuidad pedagógica que difunde el Gobierno de la Provincia.


ACLARACIONES:

Fechas de entrega: A partir del día miércoles (22/4) hasta el día viernes (24/4). Mediante e- mail.
Les pido que los que tengan la posibilidad, trabajen en formato Word.
Envíenme el trabajo una vez que esté finalizado.No por partes, por favor!

Deben continuar trabajando con las actividades que aún no me enviaron.
Me estaré comunicando con cada uno de ustedes de manera particular, mediante e-mail,dándoles las devoluciones de los trabajos entregados hasta el momento.
Ante cualquier duda, comuníquense conmigo por medio de los medios de comunicación establecidos desde el comienzo del aislamiento.



Los extraño!
Profe Noe.



Sean felices💫





Actividad 1

A continuación te proponemos que observes la ilustración “Cinta de Moebio II” del artista Maurits
Cornelis Escher (1898 -1927) y luego leas el cuento “Continuidad de los parques”, de Julio Cortázar.
¿Qué tienen en común la imagen con el cuento? ¿Cómo ilustraría Escher el cuento de Julio Cortázar?
Realizá el dibujo, un boceto o una descripción a modo de planificación de lo que tendría en cuenta el ilustrador.

Epsilones - Artes


Continuidad de los parques - Julio Cortázar

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes,
volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por
la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a
su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro
en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado
en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una
irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra
vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía
sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca
lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a
línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente
en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano,
que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra
a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las
imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último
encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba
el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba
ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para
repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas
secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la
libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de
serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias
que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban
abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido
olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía
su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía
apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.
Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la
puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda
opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez,
parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del
crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron.
El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche
y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer:
primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos
puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y
entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de
terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.


Actividad 2

Seleccionamos el siguiente microcuento de Raúl Brasca, “Felinos” porque habilita
varias interpretaciones que se relacionan con el cuento de Julio Cortázar, ¿se te
ocurren cuáles pueden ser?

Felinos - Raúl Brasca

Algo sucede entre el gato y yo. Estaba mirándolo desde mi sillón cuando se puso tenso,
irguió las orejas y clavó la vista en un punto muy preciso del ligustro. Yo me concentré
en él tanto como él en lo que miraba. De pronto sentí su instinto, un torbellino que me
arrasó. Saltamos los dos a la vez. Ahora ha vuelto al mismo lugar de antes, se ha
relajado y me echa una mirada lenta como para controlar que todo está bien. Ovillado
en mi sillón, aguardo expectante su veredicto. Tengo la boca llena de plumas.


¡Éxitos con la tarea!

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